domingo, 09 de diciembre de 2007
Publicado por latrenzaderapunzel @ 15:09
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fotos.miarroba.com
Ayer me acosté cansada y hoy me levanté con resaca pulmonar. Me hice un café filtrado con un par de medias que ya tenían una carrera. El pitillo se consumió solitario en el plato que hacía de cenicero, sin que mis labios le hiciesen más dulce su consumición. Pobre. Leí los titulares, y me alegró descubrir que Chávez no hubiera ganado el referendum, lo cual me sorprendió, francamente. Al menos no manipuló los resultados, quién sabe si en el fondo no sería un acto de demostración de su "honradez". El mundo es una gran estrategia divina de marketing. Derramé el café sin querer en el pijama. Mis pijamas consisten en camisetas XL compradas en conciertos y calzoncillos de algodón. Es lo único material que procuro conservar de mis relaciones.

Qué grande la fiesta de ayer, che. Hacía mucho tiempo que no encontraba tanta gente con tan buena conversación en una fiesta privada; quizás fuera yo, cuya conversación después de mucho tiempo, parecía tener algo que contar. La fiesta la organizó mi jefe, cumplía los 33. Conocí a un alemán con acento de tango argentino, ojos azules, cabello rubio, que hacía un doctorado en Hamburgo, y se había recorrido toda Latinoamérica. No se le podía pedir más al chico. Llevábamos hablando unas dos horas.. Comencé a imaginarnos. Los dos bailando tango, lejos el tiempo y de la distancia, como en tus brazos.... Hasta que llegó una de mis amigas. Y acaparó la atención del alemán argentino.

Estos últimos terminaron enroscándo sus lenguas en el mismo sofá que yo estaba sentada, a mi derecha. El hecho de que ella tuviese novio no resultó un impedimento. Como tampoco lo fue para amigo del rubio, que, casado, me comenzó a acariciar la espada, y más allá de la espalda, también. Mi jefe a esas alturas él ya se estaba comiendo apasionadamente a una de sus empleadas a mi izquierda... Éramos 6 en el sofá, los últimos de la fiesta. Nosotros -el casado y yo- estábamos entre dos parejas que estaban a punto de perforar sus vaqueros con tanta erosión, y sólo habia dos salidas lógicas a ese sandwich bacanal en el que estaba metida. Uno: dejarme llevar por las manos del casado y unirme a la orgía. O dos: irme para casa. Eran las 6 y no estaba borracha, así que cogí un taxi, para casa. Mi amiga se quiso venir... Y acabó llorando en el taxi, arrepentida de haberle sido infiel al novio.

La compadecí, porque no existe peor infierno que el remordimiento. Tuve ganas de cantarle Esqueça. Não chore mais, não sofra assim. Mejor no, canto muy mal.


No. Esta mancha no se borrará, es de café. Pero poco importa, porque no se notará.

Tags: café, fiesta, mancha, tango

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